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Las razones y las sinrazones de Elon Musk | Artículo


De no ocurrir algo extraordinario durante los próximos seis meses, Elon Musk será el nuevo y solitario dueño de Twitter. La “plaza pública” pasará entonces a estar bajo el control absoluto del ganador del juego global capitalista.

Si bien las personas expertas en materia de tecnología difieren en cómo interpretar lo ocurrido, hay algo en lo que todas coinciden: hace apenas unas semanas nadie hubiese considerado posible este escenario.

En este artículo argumentaré que Musk concibe a Twitter como una herramienta y no sólo como un juguete. Pero también sostendré que existen importantes sinrazones que podrían hacer naufragar su proyecto.

Una de las hipótesis más repetidas cuando se trata de explicar el interés de Elon Musk en Twitter, es que estamos ante un individuo que puede y quiere moldear su sala de juegos favorita a su imagen y semejanza.

Esta hipótesis era suficiente cuando Musk anunció el aumento en su participación accionaria en Twitter, incluida su eventual llegada al consejo de administración de esa empresa. A cambio de una cifra relativamente insignificante, ese millonario se colocaba en una posición ideal para empujar su visión para esa red social.

Pero la hipótesis anterior ya no alcanza cuando se trata de explicar lo que Musk tiene entre manos al buscar apropiarse de la totalidad de Twitter.

Empecemos notando que, para comprar la totalidad de Twitter, Musk tuvo que recurrir a préstamos bancarios. A su vez, estos apalancamientos, y el pago de sus respectivos intereses, requieren de garantías.

En este caso, la capacidad de pago está respaldada por acciones de Twitter, pero también por acciones de Tesla, la empresa de automóviles eléctricos que representa la mayoría del capital de ese multimillonario.

El riesgo que este mecanismo implica para Musk no debe ser subestimado. Una mala gestión financiera de Twitter podría llevarle al embargo de sus acciones en esta red e incluso a perder las de Tesla.

Pero esto no es todo. De acuerdo con expertos, la conexión Twitter-Tesla no está exenta de riesgos. Incluso si las acciones no son embargadas, una mala gestión de Twitter podría reflejarse en la pérdida de valor de las acciones de Tesla.

Lo importante aquí es que en este sentido existe un punto de no retorno: se estima que una reducción en 40% en el valor de esas acciones pondría al hombre más rico del mundo en serios aprietos financieros. Tan este es el caso, que el solo anuncio de que Musk comprará Twitter hizo caer las acciones de Tesla en un porcentaje que equivale al valor total de Netflix.

Esta conexión echa por la borda la bravata en la que Musk afirmó que no está pensando en el aspecto económico en la “operación Twitter”.

También respalda la idea de que es poco probable que a estas alturas Musk esté viendo en Twitter un simple juguete.

Aunque los tiempos, formas y cualidades del personaje indican que existe algo caprichoso en esta decisión, por mucho que Twitter le divierta, Musk no va a arriesgar a Tesla con tal de ser el dueño de su propia sala de juegos.

Para explicar la decisión de Musk en su totalidad se requiere entonces de un componente financiero.

Este componente no se encuentra en las finanzas de Twitter. Aunque recientemente ha logrado generar cifras presentables, estos números son microscópicos en comparación con sus otros negocios.

En este sentido, existen dos posibilidades principales sobre la mesa.

La primera es que Musk debe tener una idea radical para volver a Twitter hiperproductivo.

Sin embargo, esta idea parece difícil de implementar a corto plazo. Lo único que Musk ha dicho en este sentido es que buscará generar utilidades con base en un esquema de suscripciones y en ventas de espacios publicitarios.

Esto no parece probable. Aunque la influencia Twitter es masiva, estamos ante una plataforma más chica que Tiktok o Snapchat en términos de usuarios y diez veces más pequeña que Facebook. Además, no existe registro de un plan o esquema semejante que haya sido exitoso en el pasado.

La segunda posibilidad es que Musk tiene un plan alternativo para generar recursos indirectamente.

La idea aquí es que este millonario planea utilizar a Twitter como instrumento para maximizar sus utilidades en otras empresas. También es posible que Musk decida utilizar Twitter para presionar a gobiernos cuando le resulte conveniente.

Es bien sabido que el éxito financiero de Musk está directamente relacionado con su personaje. A su vez, este personaje se ha vuelto icónico en buena medida gracias a Twitter. Desde ahí, Musk manda mensajes dirigidos a crear tendencias que beneficien a sus empresas.

Estamos ante un hombre que hace la mayor parte de su dinero vendiendo acciones. Por ejemplo, The New Statesman ha reportado que Tesla ha perdido recientemente 350 millones de dólares vendiendo automóviles, pero ha ganado 32,000 millones en acciones. También es un hecho que mientras que otras automotrices invierten miles de millones en publicidad, el gasto de Tesla en este rubro es prácticamente cero.

En esta lectura, al adquirir Twitter, Musk estaría buscando incrementar su capacidad de manipular mercados, presionar a competidores y crear tendencias.

En seis meses tendrá a sus pies la infraestructura para lograrlo. Y para cosechar estos beneficios, lo único que tendrá que hacer es asegurarse que Twitter no se hunda y arrastre con ella a Tesla.

El problema para este multimillonario es que la velocidad con que esta operación se ha producido indica que es virtualmente imposible que exista un análisis exhaustivo respaldándola.

Elon Musk ha advertido que defenderá su versión favorita del concepto “libertad de expresión”; una especie absolutista de libertad negativa en la que todo se vale siempre y cuando no sea penado por las leyes.

Es fácil ver que Musk, un hombre blanco y un bully cuyas empresas han sido demandadas por sexismo, racismo y segregación –sí, leyó usted bien, segregación– defienda esta versión de libertad de expresión.

Tampoco es complicado notar que este esquema resulta sumamente conveniente cuando se trata de utilizar una plataforma para acosar, presionar o intimidar rivales. O para complacer a sus aliados.

Por ejemplo, se ha mencionado que el 50% de las ventas de Tesla tienen lugar en China. ¿Debemos suponer que Musk estará dispuesto a bloquear cuentas que dispersen propaganda o desinformación útil para el gobierno chino?

Esta visión absolutista de libertad de expresión, en conjunto con los intereses personales de Elon Musk, podría ser la losa que hunda la rentabilidad de Twitter que ese millonario necesita.

Los fundadores de Twitter y otras redes sociales seguían la premisa de que todo discurso debía permitirse y que los “buenos” usuarios de las plataformas gradualmente opacarían o segregarían a los “malos”.

Pero este enfoque ha cambiado desde 2016. Quienes dirigen estas plataformas han reconocido una verdad indisputable: un ambiente en el que todo lo que está en el marco de la ley se vale termina ahuyentando usuarios.

Por ejemplo, se ha comentado que un insulto racista no es ilegal en Estados Unidos, pero si quienes los profieren en un evento social o un establecimiento comercial no terminan expulsados, probablemente el resto de los presentes acabarán abandonando la sala.

Lo mismo ocurre en los espacios virtuales donde todo se vale. Los dirigentes de las redes lo saben y han intentado poner orden para evitar convertirse en alcantarillas. Incluso Reddit, un espacio tóxico durante años, ha tomado medidas en este sentido.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la pandemia han incidido también en esta tendencia. Tener al hombre más poderoso del mundo esparciendo evidentes mentiras que exaltan el odio generó un ambiente tóxico que las redes sociales tuvieron que atajar. Por su parte, la desinformación sobre la Covid-19 puso en riesgo vidas y llevó a los dirigentes de las redes sociales a buscar proteger a sus usuarios.

En el caso de Twitter esto se ha reflejado en un incremento en su moderación de contenidos. A su vez, esta estrategia ha generado un mayor flujo de anunciantes. A pocas empresas les gusta ver sus anuncios junto a publicaciones neonazis o conspiraciones descabelladas.

Pero el anuncio de Musk parece indicar que todo lo anterior será revertido en Twitter. Y los efectos parecen empezar a anunciarse.

No es casualidad que esta noticia haya generado un flujo inusual de usuarios orientado hacia la derecha. De acuerdo con un reporte de Vox Media, 70% de las cuentas asociadas con el Partido Republicano han ganado seguidores, mientras que la mayoría de las cuentas vinculadas con el Partido Demócrata los han perdido. Dado que la mayoría de los usuarios de Twitter se inclina hacia la izquierda, esta tendencia podría resultar problemático a largo plazo.

Una red social convertida en una alcantarilla en la que casi todo se vale, plagada de trolls y de voceros de ultraderecha no parece ser promisoria financieramente. Lo sabemos porque esas redes existen, pero muy pocas personas interactúan en ellas.

Elon Musk concibe Twitter como una herramienta y no sólo como un juguete. Esta es la razón que explica su decisión de adquirir la totalidad de esa empresa.

El problema para este multimillonario es que su razón parece estar acompañada de una serie de sinrazones. Y la más importante entre éstas, es que no parece contar con una estrategia bien pensada para lograr instrumentalizar a esta red y al mismo tiempo garantizar la viabilidad financiera que requiere.

Desde luego, aún es pronto para saber si Musk modificará su enfoque en el camino. Una persona razonable lo haría.

Yo no apostaría en este sentido. Entre todos los defectos del hombre más rico del mundo, es posible encontrar virtudes. La razonabilidad, sin embargo, no parece ser una de ellas.

*Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo)
Twitter: @asalgadoborge
Facebook: Antonio Salgado Borge



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