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El voto estratégico para 2024 | Artículo


“En todos los sistemas electorales el voto estratégico sigue
siendo una posibilidad practicable y siempre practicada de
manera más o menos frecuente y más o menos eficaz”

A pesar de lo que muestran las encuestas, en el 2024 podríamos tener elecciones altamente competidas y el voto estratégico ** de los ciudadanos podría ser decisivo si confluyera al menos uno de estos dos elementos y, aunque parezca paradójico, más aún si estuvieran presentes ambos: una coalición opositora sólida con una candidatura competitiva y una candidatura ciudadana, registrada como candidatura independiente o por uno o varios partidos que no se sumaran a la coalición, esta última con una agenda de cambio que pueda ser claramente diferenciada de la plataforma electoral de la alianza opositora.

En un boletín reciente ***, Consulta Mitofsky, que dirige Roy Campos, presentó interesantes resultados sobre las preferencias electorales por partido y entidad federativa, con datos a junio de este año. El boletín de Consulta Mitofsky señala que en 23 entidades federativas las preferencias para las elecciones de 2024 son favorables a Morena; en 2, al PRI (Coahuila y Durango); y en Aguascalientes, Nuevo León y San Luis Potosí al PAN, a Movimiento Ciudadano (MC) y al PVEM, respectivamente. En los otros 4 estados, los comicios estarían más competidos (Guanajuato, Jalisco, Querétaro y Tamaulipas, este último recientemente ganado por Morena).

Además, el boletín de Consulta Mitofsky muestra que, con el PAN, PRI y PRD coaligados, Morena tendría ventaja en solo 18 entidades federativas y la coalición opositora aventajaría solamente en 5. Si a la alianza opositora se sumara MC, Morena tendría ventaja en 13 entidades federativas y la coalición opositora en 11. Con la alianza -con o sin MC- las entidades federativas competidas se duplicarían, serían 9 con la coalición de los tres partidos que conforman actualmente “Va por México” y 8 si se sumara MC.

Estos resultados no necesariamente deben interpretarse como que forzosamente se requeriría de una coalición electoral amplia -los partidos de “Va por México” más MC- para que existan posibilidades de lograr la alternancia en la presidencia de la república en 2024. Esto depende más de otros factores: que la candidatura de la coalición opositora sea realmente competitiva, sin que esto signifique su personalización; que el método de selección de la o el candidato sea inclusivo y democrático; que la propuesta de gobierno sea atractiva para el electorado; y que la decisión sobre la candidatura permita a los partidos que integren la coalición resolver satisfactoriamente temas de identidad partidista, agenda, discurso y programa de gobierno.

El ciclo electoral iniciado en 2018 y que concluirá con las elecciones en Coahuila y el Estado de México en 2023, nos ha dejado dos lecciones: una clara tendencia a la alternancia en el poder (lo que sucedió con la presidencia de la república en 2018 y en 26 de las 30 entidades federativas en las que se renovó el poder ejecutivo local entre ese año y el 2022) y el fracaso de la coalición electoral “Va por México” para presentarse como una opción para la alternancia en el poder ejecutivo local en las elecciones de 2021 y 2022. Con el antecedente de que los partidos que ahora integran la coalición opositora tampoco lograron ser una opción para la alternancia en los comicios locales de 2018 y 2019.

De las 26 elecciones locales en las que hubo alternancia, Morena y sus aliados ganaron 22, Movimiento Ciudadano 2 (Jalisco en 2018 y Nuevo León en 2021), la coalición del PAN y MC una (Yucatán en 2018) y la coalición “Va por México” una (Durango, gobernado por el PAN, en 2022). Este es un elemento que debiera ser considerado seriamente en la estrategia electoral de las oposiciones para las elecciones de 2024. La existencia de la coalición electoral no garantiza el triunfo, sobre todo si no logra presentarse como una alternativa real de cambio. Incluso un partido con una candidatura competitiva puede ser tan eficaz como la coalición si conecta con el electorado.

A diferencia de lo que se piensa, la coalición “Va por México” podría coexistir con una candidatura opositora altamente competitiva –postulada en forma independiente o por un partido como Movimiento Ciudadano que ha mostrado capacidad para impulsar candidaturas competitivas sin ir en una coalición electoral- sin que esto restara posibilidades a la alternancia en la presidencia de la república en 2024.

Por el contrario, la existencia de dos candidaturas opositoras competitivas podría potenciar las posibilidades de lograr la alternancia mediante el voto estratégico. De esta forma, de no prosperar la candidatura aliancista, por su perfil partidista que el electorado podría asociar a malas experiencias de gobierno o simplemente porque no lograra presentarse como una opción viable, la otra candidatura opositora podría ser receptora del voto estratégico del electorado que apostara por hacer uso del voto retrospectivo y /o del voto prospectivo **** para lograr el cambio del partido en el poder mediante una candidatura que efectivamente represente una alternativa al statu quo y una opción efectiva de cambio y no una vuelta al pasado. Esto permitiría tener dos posibilidades de orientar el voto estratégico y evitaría ir nuevamente a una elección plebiscitaria que, como quedó claro en 2021 y 2022, favorece a la estrategia de polarización de Morena.

Si las oposiciones pensaran más en términos del voto estratégico de la ciudadanía, que en sus fallidas estrategias electorales de “voto útil” que solo responden a los intereses partidistas y a los cálculos políticos de sus dirigencias, se potenciarían las posibilidades de lograr la alternancia en la presidencia de la república en 2024. Se podrían crear incentivos para que la ciudadanía optara por hacer uso de su voto estratégico entre dos opciones de cambio; o de su voto retrospectivo y, sobre todo prospectivo, al tener la posibilidad de decidir, entre ambas alternativas, por la mejor oferta política para la alternancia y no solo entre una opción de cambio -que pudiera resultar fallida- y la continuidad del partido en el poder.

* Politólogo italiano. Fue discípulo de Norberto Bobbio y se especializó en política comparada con Giovanni Sartori. Fue senador por una coalición electoral de izquierdas.

** Tomo la definición de Gianfranco Pasquino, quien entiende por “voto estratégico” el que el electorado emite “no por el candidato y/o el partido preferido, sino por el candidato y/o partido” que “le resultan menos perjudiciales” o que le permiten perseguir otro objetivo. (Todas las citas de Gianfranco Pasquino están tomadas de su libro Sistemas políticos comparados, Prometeo Libros, 2004 y Bononia University Press, 2004).

*** El boletín de Consulta Mitofsky puede consultarse en www.consulta.mx, www.mitofsky.mx o en @mitofsky_group y @RoyCampos.

**** Gianfranco Pasquino entiende por “voto retrospectivo” el que se emite a partir de la evaluación que hace el elector sobre “la credibilidad de quien ofrece” (la o el candidato) con base en “experiencias precedentes” de gobierno, entre otras; y por “voto prospectivo” el que se otorga a un candidato a partir de evaluar sus propuestas de campaña con base en la valoración del electorado sobre “la capacidad de traducir concretamente esa oferta en políticas públicas, sin demasiadas distorsiones”, así como de la “confiabilidad de quien promete”.



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