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Aquí se termina tu amor limosnero…



Chihuahua—  La música de banda suena, hace eco la voz de una cantante que interpreta canciones de amor y odio. Desde la explanada junto al canal de riego hasta la cortina de la presa Las Virgenes, se escuchan los acordes que las parejas intentan seguir con sus mejores pasos de baile. Pecho a pecho, mejilla con mejilla, no hay cubrebocas, la sana distancia se olvida porque el amor, dicen, es lo que da la vida y el desamor la descompone. El covid…”Qué es o con qué se come?” Pregunta alguien irónico mientras la cerveza circula y la cantante sigue golpeando el micrófono con “el amor limosnero” que no ruega al que paga mal.

Es domingo y cientos de personas se congregan en la presa y alrededores. Buscan divertirse bajo la sombra flaca de los árboles grisáceos, en el kayak, el paseo en el barco que recorre el cuerpo de agua, en las lanchas de motor, Racers, la pesca o simplemente dando de comer a las aves. 

Los visitantes saturan los establecimientos de comida, los puestos ambulantes, la cortina donde no puede faltar la foto del recuerdo o el vuelo del papalote que ondea al viento.

En contraparte, la tierra luce seca, las plantas adormiladas en espera de que el invierno termine y la lluvia llegue. La presa conteniendo el agua mansa que se oferta como espacio y elemento para la recreación. Doscientos cinco millones de metros cúbicos en espera de llegar a los campos en el ciclo agrícola que llegará en la primavera.

Los autos circulan en ascenso y descenso interminable, las motocicletas rugen mientras los rayos del sol caen con fuerza sobre el paisaje atolondrado por la presencia humana.

La cortina está seca, las rocas abovedadas por efecto del tiempo y el líquido abundante en otros años, los costados del canal convertidos en sitio para la fiesta -válida- pero también para la basura y desechos que dejan su innegable impacto en el medio ambiente.

La tarde transcurre, el sol desciende, la polka se hace presente, los pechos amarran los latidos acelerados por el baile o por el alcohol, las mejillas se separan aunque siguen sin cubrebocas. El amor limosnero termina, se olvida rápido igual que las cifras de contagios y muertes aún recientes.

La fiesta sigue, la pandemia también; “Que no me vean llorar”, cantan los Tigres del Norte.



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